Miguel Ribes completa en poco más de un año el primer ciclo de restauración del patrimonio de la Montaña de Alicante.
Las intervenciones en Alcalalí, Relleu y Parcent han devuelto la belleza a diversos edificios civiles y eclesiásticos.
Miguel Ribes Sogorb, artista plástico, muralista, galerista, restaurador y pintor, puede presumir de una formación profundamente arraigada en la tradición pictórica alicantina. Su paso por la Escuela Profesional de Bellas Artes de Alicante, a finales de los años 50, le dejó el legado impagable de las enseñanzas de maestros como Gastón Castelló, Pérez Gil, Manuel Baeza o Vicente Martínez Morellá.
Tras una intensa trayectoria, salpicada por decenas de exposiciones individuales e intervenciones en patrimonio, la obra de Ribes Sogorb sigue guardando muchas de las esencias de esa gran tradición pictórica y de las técnicas tradicionales que la hicieron posible.
La elegancia del dibujo, el uso de la materia plástica como fuente de luz y sombra o el gusto por el detalle son rasgos de su obra que están presentes en los trabajos realizados dentro del programa de actuaciones integrado en el proyecto Espai Off del CEDER Aitana. Estos trabajos, orientados a la restauración del patrimonio religioso y civil de la Montaña de Alicante, revelan una continuidad dentro de las constantes estilísticas del artista, a pesar de la diversidad de técnicas, soportes y materiales sobre los que Ribes Sogorb ha tenido que desenvolverse.
Podemos reconocer estas constantes estilísticas en los lienzos realizados para la ermita de Alcalalí, en los fondos de pintura de la capilla del Cristo de la Piedad de Relleu y en el vasto programa iconográfico sobre el martirio de San Lorenzo, que preside el altar mayor de la iglesia parroquial de Parcent.
Experto muralista y paisajista, Ribes Sogorb juega con el dominio de la impresión pictórica que le proporciona su larga trayectoria y el aprendizaje del oficio que vivió desde los 14 años. A esa edad entró como aprendiz en el taller de su tío Rafael Muñoz, autor de grandes cartelones de cine y teatro que ilustraban los estrenos en los años cincuenta. El resultado de esta vasta experiencia se puede apreciar en sus obras de caballete, donde la espátula ha dejado una huella en la materia que la distancia y la percepción visual del espectador, sabiamente orientada por el pintor, reconvierten en luz y color, en figura y fondo. Pero también en la pintura mural, en los fondos de retablo y hasta en los detalles ornamentales y decorativos, que con la precisión de un orfebre el artista ha ido insertando en lavatorios, zócalos, cornisas, columnas, etc.
El resultado es impresión emotiva, donde el detalle entabla una alianza cómplice con la forma no explícita para sugerir lo que sólo está como verdad pictórica. De este modo, la obra de Ribes Sogorb se adscribe a la gran tradición artística valenciana y española, hasta hundir sus raíces en una concepción estética que va de Velázquez a Gutiérrez Solana pasando por Goya o Sorolla.
También existe un don natural para la narratividad, para la crónica visual y, por tanto, para una función doctrinal, que los párrocos de todas las iglesias restauradas han sabido apreciar. Tal vez por ello, la colaboración entre el artista y las autoridades eclesiásticas ha resultado tan fructífera. Porque Miguel Ribes sabe, como pocos artistas, trasladar en imágenes la esencia del mensaje cristiano, a partir de una puesta en escena que aborda con realismo poético el paisaje y con insólita honestidad la condición humana.
Su obra bebe de las formas populares, sencillas y cercanas y, al mismo tiempo, se alimenta de la tradición de aquellos grandes maestros renacentistas, como Tintoretto y Miguel Ángel, que pusieron el arte pictórico al servicio de los afanes doctrinales de la iglesia, convirtiendo en palabra lo que, sólo en apariencia, son percepciones de los sentidos.
En definitiva, un trabajo de enorme mérito, por la abnegación y rigor requeridos, por el talento y versatilidad desplegados y, sobre todo, por la calidad artística de una obra que vencerá al tiempo en la forma, en la materia y en la memoria de vecinos y fieles.
Jordi Sánchez Navas
Historiador del Arte y Director del Espai Off